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Un lugar tranquilo

Pensar es una actividad que no requiere de más cuerpo que un cerebro. Aunque el escritor de estas líneas necesite manos u ojos para plasmarlo en el papel, el pensamiento o reflexión los ha "generado" un ente sin cuerpo. Una mente que no siente necesidades ni deseos del mismo modo que lo hace el conjunto de mi persona; una mente que puede abstraerse, generar ideas lo suficientemente objetivas como para no estar siempre de acuerdo con ellas. ¿Cómo es posible que piense algo que no pienso, no creo?

Quizás la concepción que tengo de mí o del mundo, no es la más coherente con la realidad que vivo. Quizás creo que yo tengo una forma de pensar y de ser. Pero resulta que el que fuma y el que quiere dejar de fumar somos la misma persona. Quiero hacerme un cigarro y quiero no hacerme un cigarro. A veces me aguanto las ganas, y a veces me lo fumo.

La mente, idealista, escribe. Y cuando yo, con mi cuerpo y mi ego y el conjunto de mi ser lo releo, encuentro claridad y algo que no puedo encontrar de forma tan ordenada y coherente si sólo observo mis pensamientos. Porque escribir me permite ordenar los pensamientos. Y del mismo modo que un átomo de oxígeno se comporta de un modo distinto y tiene propiedades distintas si está sólo, que si está unido e integrado a dos átomos de hidrógeno, también los pensamientos producen emociones distintas cuando estan ordenados que cuando pululan dispersos e inconexos. A veces cuesta mantener la atención en los pensamientos, fugaces, que van y vienen, contradictorios en ocasiones; como si cada uno fuera por libre y no hubiera un pegamento que realmente los integrara en una sola molécula.

Reflexionar, escribir, leer, observarme, tachar, reordenar, reescribir, releer, seguir escribiendo, volver a empezar. No es un pensamiento que en un momento está y al siguiente ha desaparecido; es un pensamiento o reflexión que puedo desarrollar sin perder el hilo, porque siempre puedo leer lo que acabo de escribir. Algo que en la espontaneidad de la vida y las interacciones sociales cuesta lograr sin irme por las ramas o perder el foco.

La mente que escribe estas líneas es una idealista sin cuerpo. El que lo vive y lo relee, cuando parece ordenado, es una persona normal, con sus miedos, pasiones, traumas y propósitos, que recibe algo que estaba escondido o desordenado en su interior. Algo que de algún modo intuye, pero no acaba de tomar forma. En estas líneas encuentra formas, moléculas de pensamientos que no sabía que podían formarse con la dispersión de pensamientos en su interior, pero que le sirven para comprenderse y encontrarse. Estas dos, la mente idealista y la persona que lo lee, se encuentran en mí. No soy sólo lo uno ni sólo lo otro. Soy el conjunto de ambos, un ser que busca vivir una vida lo más coherente y cercana posible a lo que esa mente idealista propone, una persona que a veces actúa desde el miedo, y otras lo hace desde el amor.

Cuando escribo, soy el primero al que dirijo mis palabras. Nunca pensé en compartirlas más allá de la família o amig@s, porque son mi camino, y cada un@ tiene el suyo. Ninguno es mejor que otro. Para cada persona y contexto (genética, cultura, entorno, decisiones y experiencias pasadas..), hay un camino más coherente que otro, pero no mejor objetivamente. Éstas líneas que tanto me resuenan, probablemente no lo harían del mismo modo si hubiera nacido y crecido en otro contexto. Por eso no tienen porqué resonarte a ti o estar de acuerdo con ellas. Las escribo para mí, y me alegro si no soy el único a quien les sirven de algo. Pero ahora que las comparto, y que tú sigues leyendo, no te las creas sin más. Usa tu sentido crítico, reflexiona, pregúntate si es coherente contigo, qué sientes cuando lees.

Porque éstas reflexiones no tratan de verdades; tratan de mejorar mi camino, de comprender quién soy y aprender y ser capaz de cambiar, de evolucionar; de hacer sufrir menos a las personas con las que comparto esta vida, de intentar ser mejor persona. Porque tod@s sabemos lo que es sufrir y deprimirse y perder la chispa de la vida. Y cada gesto es una gota. Y hay una que colma el vaso.

Por eso, cuando el corazón me lo permite, trato de que cada gesto y cada interacción haga sentir a la otra persona un poco mejor. Porque aunque no la conozca de nada, esa persona vive lo mismo que yo, y que tú, en esencia, aunque la forma sea distinta para cada un@ en cada momento de la vida. Todos sentimos miedo, amor, ansiedad, orgullo, alegría. Cada un@ vive sus propias representaciones y formas en el mundo, pero tod@s sentimos esos sentimientos. Tod@s perdemos a seres queridos, tod@s tenemos fuerza y vitalidad cuando nos sentimos bien, tod@s queremos vivir tranquil@s. Y tod@s estamos aquí, compartiendo esta vida y este mundo, cada uno en su propio cuerpo y perspectiva, pero con la capacidad de ponernos en los zapatos del otro. Y el otro, no es más que alguien con otra forma por fuera, físicamente, y con otra forma por dentro, emocional o mentalmente, que esencialmente es lo mismo que tú, que yo, que cualquier persona.

Este sitio web es un lugar al que dedico tiempo cuando me apetece. A temporadas le dedico horas cada día, a temporadas me olvido de que existe. Es más un proceso de aprendizaje que me hace sentir bien cuando le dedico tiempo, que un proyecto claro y definido. Es algo que cambia y evoluciona. Espero que disfrutes.